Shiatsu

Shiatsu

Etimológicamente, “Shiatsu” (指圧) significa “Presión con dedo”. Esto es una de las pocas cosas en las que coinciden todas las definiciones.

El masaje shiatsu aparecio en el siglo XX cuando en el año 1912, Tokujiro Namikoshi desarrolló una técnica de presión con los pulgares y las palmas de las manos para tratar la artritis reumatoide que padecía su madre.

Una parte importante del Shiatsu se basa en el concepto oriental de energía (Ki o Qi) y uno de sus objetivos principales es permitir que esta energía vital, fluya sin obstáculos y de este modo estimular y apoyar los procesos naturales de autocuración y bienestar, manteniendo la salud y ayudando a prevenir enfermedades. El Shiatsu trata al cuerpo en su totalidad, estimulando y favoreciendo su reencuentro con un estado de equilibrio y armonía natural.

Por eso se dice que el Shiatsu puede ayudar en el tratamiento de los estados leves y crónicos de muchas enfermedades, así como en el mantenimiento de la salud, mediante la prevención, detectando precozmente trastornos o desequilibrios y resolviéndolos antes de que aparezcan molestias o problemas más graves.

A diferencia de otras técnicas de masaje, el Shiatsu trabaja a un nivel más profundo y sutil, teniendo un efecto directo en las funciones metabólicas del cuerpo, en el estado emocional y mental de la persona, además de a nivel estructural. Además, el Shiatsu tiene capacidad de unificar los distintos planos del ser, y nos ayuda a aumentar nuestro nivel de consciencia, a sentir más y mejor nuestro cuerpo, a conectar con nuestros sentimientos y nuestras necesidades.

Beneficios del Shiatsu

-Mejora el estado general de nuestro organismo puesto que nos relaja, nos ayuda a liberar tensiones y reduce nuestro grado de estrés, tanto el físico como el emocional. -Equilibra los sistemas nervioso, respiratorio y digestivo, favorece la circulación sanguínea, tonifica la musculatura, evita la retención de líquidos y, por consiguiente, favorece el drenaje linfático y la eliminación de toxinas. Por todo ello, cada vez son más las aplicaciones médicas que se le atribuyen a esta práctica, entre ellas nos encontramos: • Dolores musculares, dolores de espalda, así como lumbalgias o ciáticas, entre otros. • Ansiedad, insomnio, estrés, depresión o estados de nerviosismo. • Migrañas y cefaleas. • Fatiga y agotamiento crónicos. • Problemas gastrointestinales. • Trastornos relacionados con la menstruación y la menopausia.

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